"must we dream our dreams, and have them too?"
-Elizabeth Bishop
"That which doesn't kill me makes me stronger"
-Friedrich Nietszche, "Beyond Good and Evil
"Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas"
-Eduardo Galeano, "Patas Arriba:La Escuela del Mundo al Revés"
"En el futuro, una ciudad sin embotellamientos resultará aburrida"
-Luiz Paolo Conde, Alcalde de Rio de Janeiro
La ciencia ficción tiene un nombre extraño, porque no es ciencia, ni es ficción, es más como una fábula con seres humanos en vez de animales. He visto muchas películas de ciencia ficción, pero las que tratan de mundos post apocalípticos definitivamente son las que mejor caben bajo el género de la fábula, aunque este sea, valga la redundancia, un término literario y no cinemática.
No obstante, muchas veces estas imágenes de mundos podridos, destartalados y abnegados son tan similares al sur del mundo, al llamado oficialmente Tercer Mundo, que parece difícil creer que los directores de fotografía de estos filmes no sean inspirados por imágenes del África, America Central, el sudeste de Asia o El Medio Oriente.
Para complicar más las cosas, el film Sector 9 (District 9) tiene la puesta de escena en Johannesburgo, Sudáfrica, sede de la más reciente sociedad abiertamente racista. El director, jactándose de esta confusión de significantes, hace a los africanos de piel oscura quejarse de los invasores alienígenas como no perteneciendo a la sociedad, similar a lo que nos imaginaríamos a un Afrikaans decir sobre un negro en tiempos del Apartheid.
No se si a alguien se le ha ocurrido, pero últimamente (tal vez de hace seis años para acá), Tegucigalpa parece la puesta en escena de una película de ciencia ficción:
Los niños se ganan la vida, entre otras cosas, tragando gasolina y escupiendo fuego como entretenimiento en los semáforos, los adolescentes se la ganan cobrando impuestos de guerra a mano armada a los sectores más pobres de una ciudad que no tiene ni principio ni fin ni hoy ni mañana. Los pandilleros se tatúan la cara y el cuerpo con símbolos tribales y protegen su pedazo de tierra, su territorio, a capa y espada. Los jóvenes adultos, diríamos, pueden aspirar a ser sicarios por contrato y hasta por acuerdo, dependiendo del empleador.
Pero no nos olvidemos de las docenas de personas mutiladas, nacidos deformes, enfermos y demás que se viven pidiendo en los semáforos de la capital. Se les dá o no? La respuesta es muy incierta, ya que hay unos, según fuentes, que hacen esto como trabajo, no como último recurso. Terminan la jornada como burócrata y entran como tal, marchándose a casa a ver televisión.
El embotellamiento de hoy, como es usual, es causado por un reparo,llamado "bacheo", que consiste en parchar un pedazo de asfalto ya descompuesto en un orificio hacia el centro de la tierra. Ese parcho se descompone en un mes por mucho, y hay que taparlo de nuevo. Pero es una excelente oportunidad para que el alcalde o aspirantes a puestos políticos muestren los slogans nuevos del gobierno, como "Los pobres son lo mejor" o "Viva la Capital". Estos lemas muestran como son de benevolentes nuestros líderes, que a ellos si les importa nuestra ciudad, tienden a se más tarde un pedazo de memoria de un gobierno que tal vez no dejó mucho por que recordar.
Un vecino del barrio no pudo salir ayer, ya que los albañiles que trabajan para la alcaldía solo trabajan por la mañana y le dejaron de regalo un túmulo de tierra de la altura de su portón, cosa que no le permitía sacar su automóvil. Los trabajadores se habían marchado hasta la siguiente mañana, dejando un abismo en medio de un barranco pavimentado. Parecía que estaban haciendo una operación a corazón abierto de una bestia gigantesca, moribunda y vieja.
Hay fanáticos de fútbol que por razones desconocidas, han adoptado a Jack Skellington, el personaje de "La Pesadilla Antes de Navidad", un muñeco alto, esbelto, que le encanta cantar, rey de la tierra del Halloween, en su mascota oficial. Estos fanáticos son una pandilla de un club de fútbol a quienes les encanta patear cabezas más que balones. Ninguno ha visto la película ni saben quien es ese tal Jack Skellington, pero les gusta mucho que es una calavera sonriente.
Estamos en pleno invierno, llueve, hace poco sol, se nubla, caen tormentas, aguaceros, diluvios, se llenan de agua todos los agujeros y se rebalsa la basura y escombros por todos lados. Las montañas crean deslices de lodo, se llevan casas y barrios enteros. Casas hechas con muy poca fundación, pero con un televisor plasma por dentro.
Los centros de salud están atiborrados de enfermos, medio muertos, con virus desconocidos, plagas de nuevo milenio, pero la salud pública es casi inexistente. Tienen que esperar en el piso, o en la calle para ser atendidos, tripas en mano. Dengue de cepas quiméricas, bronquitis, faringitis, rotaviruses, creo que nadie sabe como diagnosticar todo.
La morgue tiene un sistema de aire acondicionado fallido. No huele muy bien.
La antigua presidencia de la República mira ahora sobre un mercado de baratijas traídas de la China y una cloaca-río guardada por docenas de buitres negros como azabache, el ave nacional por excelencia de nuestra ciudad. El buitre cara negra. Estos buitres miran, a su vez, los partidos de fútbol de segunda y tercera división en una cancha al lado de la cloaca-río, donde el balón cae innumerables veces y un valiente jugador la tiene que recoger, procurando no hundir los zapatos en el agua pestilente. Quien sabe que tipo de infecciones podrían contraerse.
La actual presidencia de la República mira al costado de un Marriot y un McDonald's. Ronald McDonald se sienta y contempla a los mendigos desde su banca mientras los niños juegan en su patio con mercancias traídas desde Vietnam, hechas por personas igual o más pobres que los mendigos.
El tráfico se centra en las pocas calles y bulevares de la ciudad, pero es muy difícil saber que hacen cuando no están en las calles, porque ya nadie camina si no es obligado. Muchas veces se ven sus uniformes de banco, o de restaurante de comida rápida, o de algún negocio de electrónicos....
Estas bestias agresivas en la que se ha convertido nuestra ciudad son una voraz boca de león, filosa, áspera, de sálvese quien pueda, a la Mano de Dios, porque por otra parte, Dios está en templos de concreto y ofrece clases de auto ayuda y superación personal a costos de ganga, pero no gratis. Nada es gratis. El aire no es gratis. Tal vez tasa de interés manejable, pero eso es todo.
Nuestro templo de verdad: El Mall. Aquí si nos sentimos bien, porque las cosa no parecen estar tan descompuestas, tan usadas como afuera. Aunque al costado del mall hay una cloaca abierta, con un merendero al costado y un lote de lavado de autos el frente.
Dentro del Mall, todo es lindo! Por lo menos, todo es respirable, la felicidad está a la venta, hay música, electrónicos, ropa nueva, todo tan nuevo! Un café, una Red-Bull, una hamburguesa, o una dona sentados, platicando de la situación nacional o del partido de anoche.
Suave. Delicioso.
Por las noches, los sonidos de balas explotan, pero hacemos que son cohetes. O algo así. alarmas suenan. Coches chocan.
Los periódicos muestran mutilados y al Presidente dándole la mano a alguien importante. Pero no sabemos quien es.
Los policias se pelean con estudiantes, por razones no esclarecidas del todo. La universidad arde en llamas.
Todo esto en un solo día.
Que ciudad.
-f(x)
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