Sunday, August 15, 2010

Hacia El Salón des Refusés


"En este lugar que hemos creado para nutrir a la cultura y estudiar como funciona, la cultura no funcionaba...porque pertenece a alguien"
-Dave Hickey


"Es obvio que ya nada es obvio en lo que concierne al arte..."
-Theodore Adorno

En el Paris de los 1860, había cerca de 5,000 escritores y críticos de arte, pero a esto le imponemos una cifra, posiblemente apócrifas ambas, de 14,000 artistas trabajando y viviendo en el país, tan engolosinado de arte como pocas veces se ha visto en el mundo. No obstante, es una gran cantidad, correcta o no, de personas escribiendo y haciendo arte. 
¿Quien tiene la autoridad, la responsabilidad de escribir, criticar y analizar arte? ¿Quien es el que decide que arte es "bueno" y cual "malo" o, sin preferir palabras tan moralmente cargadas, arte de mejor calidad, versus peor calidad? 
La respuesta, como es de esperarse, es una que por sencilla es complicada. En una democracia, cualquier persona pueda escribir sobre lo que quiera y se le escucha o no, dependiendo de nuestras opiniones sobre éste. En una dictadura, es la voz del líder a través de sus críticos, avalados por el estado, quien dicta lo bueno o lo malo, como el Social Realismo de la era Nazi. En una oligarquía, no obstante, es más complejo, porque el poder yace sobre unos pocos, enmascarados usualmente dentro de una democracia, una especie de plutocracia. La dinámica de estos pocos, entre sí y con su público, define o más bien complica la relación entre público y crítico o público y artista.
Lo más notable es que al crítico, en una plutocracia, no se le cuestiona por sus méritos, aparte de aquellas virtudes superficiales como si trabaja en un museo en el extranjero, si hizo estudios de posgrado, si ha escrito libros, etc. Muy pocas veces vemos cuales en realidad han sido las ideas o las razones por su crítica o análisis. Tal vez lo han advertido: en Honduras vivimos en una plutocracia. 
Existen muy pocos artistas activos, menos escritores y críticos, somos carentes de galerías, y quienes terminan con el poder en un vacío es una o tal vez dos entidades que delimitan los parámetros del buen o mal arte. Controlan, de manera Orweliana, toda la información sobre los artistas, promueve a los que desea, ignora a los que no. Habría una cifra más alta de artistas activos, pero al tener pocos espacios donde exponer, éstos se ven compitiendo por pocas plazas en 'bienales'(eventos cada dos años, por alguna razón alguien decidió que esto es mejor que cada año) de arte, concursos uniformes, tediosos y estandarizados, pero que al fin y al cabo, son la pequeña tarima para artistas nacionales. Más aún, tal vez sin que se sospeche, la manera de que el status quo se forma es a través de estos eventos, no lo opuesto.
Lo curioso, en Honduras, a diferencia de la mayoría de las bienales del mundo, es que la misma gente concursa y gana cada vez, es decir, los mejores artistas del país, a criterio de la fulana que vino de Los Angeles o el fulano de Miami, los que compiten en el concurso y luego ganan, son los mismos. ¿Por qué? Tal vez las mismas personas que son elegidas para exponer y ganar son las mismas precisamente porque son las mejores. Pero, ¿se puede tener una segunda opinión? ¿O una  tercera? Al parecer, no. La palabra de las bienales es final e indiscutible.
La ideología política es algo que es muy relevante en estos concursos de belleza, por extraño que parezca. Como un disidente soviético no podía tener opinión en contra del estado, un artista hondureño no puede tener una opinión en contra de las ideologías del status quo cultural. 
Nos afirman, no obstante, que el arte tiene méritos, calidad y relevancia o no los tiene y el resto es sin importancia. Algo hace sentido en términos lógicos, tal vez, si la misma gente gana porque simplemente son mejores artistas, como que Brasil haya ganado la Copa del Mundo de fútbol 5 veces no significa que hay una conspiración, pero en el arte estas coincidencias infunden, sino sospecha, al menos tedio, ya que siempre, por más que se diga que no, la opinión es una opinión y esta también puede ser cuestionada y entre más uniforme sea, menos interesa. 
El problema es que nos damos a pensar que lo que el "experto" dice es la palabra final, aunque un experto de arte puede significar muchas cosas.
Por otra parte, se limita la posibilidad de otras alternativas, otras opiniones en cuanto al arte se refiere, ya que al menos, hay diversas opiniones de lo que es arte o no, de lo que nos trae placer o no, de lo que nos gusta o no. Es más, podríamos debatir sobre el arte y la subjetividad. No obstante, solamente en manos de un grupo pequeño, la subjetividad en el arte es igualmente injusta que los golpistas que tanto dicen odiar (pero a quienes no niegan su patrocinio monetario). La verdad no está ahí. En el arte, solo tenemos versiones de la verdad, no una verdad absoluta.
Como bálsamo, como antídoto a este tipo de evento, que no es negativo, y a más de alguien le cuesta mucho realizar, es que se forme un "Salón de Rechazados", de la vieja tradición francesa del Salón de RefusésArtistas rechazados no en el sentido estricto de la palabra. No, al contrario, solamente objetos de arte que no están al estándar de las bienales y concursos. Un tipo de arte alternativo, que pueda disgustar, que pueda ser en realidad arte de "mala calidad", que pueda ser pero que podamos juzgar libre y democráticamente, sin necesidad de tener la fe ciega en críticos que, por ser extranjeros, han de ser buenos. Antes se hablaba mucho de transparencia en materia política, creo que ahora se necesita hablar ésta en el contexto de diversidad en el ámbito artístico y cultural, ya que, si no se hace nada, veremos a los mismos artistas concursar y ganar la misma competencia. Menos personas atienden estos concursos cada vez. Hay aquellos que creemos, soñamos con el progreso cultural de nuestro país. 
Por muy buenos que sean los artistas ganadores de las competencias, los artistas emergentes y jóvenes deberían de tener una oportunidad igual, así como los artistas considerados desfasados, distintos, o no populares.
La cultura, cabe decir, es un arma poderosa. Hay que alimentar al país de más opiniones, dejar al crítico como otra opinión y crear poco a poco nuestro criterio para dar más campo fértil para artistas nuevos. El salón de rechazados es una institución mundial, no solo un hito histórico. Es una forma de expresión social, colectiva, con un espíritu de democracia y justicia. Es aprender a ver por qué el artista crea, a pesar de que no se le dará ningún premio, por qué se arriesga, a pesar de perder su reputación. Si lo más importante es crear y no ganar, tendríamos una pluralidad de formas de arte. Tendríamos objetos de belleza.
Hoy en día, vemos muy pocos artistas en nuestro país que se arriesguen a tomar un cauce distinto, al menos por una vez, aunque no se participe en un concurso o se gane un premio. Ganar preseas se ha convertido más que importante que crear. Muchos artistas hacen trabajos solamente para las bienales y el resto del tiempo padecen inactivos. Además, ¿Por qué siempre es el mismo discurso ideológico impartido a personas que piensan exactamente lo mismo? ¿Acaso todos pensamos igual? Las competencias se han convertido en algo completamente seguro, sin nada que sea un reto.
En Honduras existen artistas de calidad mundial y son más de seis o siete. Hay que darles espacio. Un espacio sin política dominante, descentralizado y justo.
 Los críticos, pues eso ya es otra cosa. 


Federico R




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